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La vie est belle

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Sí, la vida es bella. Con sus momentos de felicidad y sus momentos difíciles. Qué os voy a contar, papás y futuros papás, sobre la inmensa felicidad que sientes al acercarte de puntillas para ver a tus pequeños y compruebas que duermen tranquilamente, sanos y felices. Esos momentos valen la pena todas las noches que pasas en vela. Vale la pena sacrificar tu carrera profesional (a veces no queda más remedio aunque sea solo por un tiempo). La vida que llevabas antes y los objetivos que tenías pasan a un segundo plano. Lo importante son ellos, su salud, su bienestar.

A veces pasa el día sin darte cuenta y solo te enteras de que son las siete de la tarde porque les toca tomar el hierro (los que tenéis bebés sabéis a qué me refiero y los que no ya os enteraréis:)).

Escribo esta entrada mientras me preparo para la siguiente toma de los peques. Me gustaría poder atenderlos sin despertar a mi marido que intenta dormir un rato después de haberme dejado a mí dormir un par de horas. Hacemos turnos y solo estamos los dos despiertos a la hora de darles de comer. Intentamos aprovechar para dormir cuando duermen ellos pero es un poco difícil con tres nenes que se despiertan cada dos-tres horas para comer. Cuando hayas acabado de dar de comer al tercero, el primero ya te reclama. Tenemos ganas de que pasen los meses y se duerman más horas aunque también nos gustaría parar el tiempo y poder disfrutar más tiempo de ellos como bebés.  El tiempo vuela, ya están empezando a gorgojear y son muy graciosos.

Se nos ilumina la cara al verles sonreír y se nos olvida completamente la mala noche que pasamos dándoles masajes para que se le pasen los cólicos. ¡Qué responsabilidad tan grande, la de sacar adelante tres vidas, hacerte cargo de tres pequeños que dependen completamente de ti! Te surjen mil dudas y sobre todo el miedo de no hacer algo bien…

Nuestros pequeños hacen 10-12 tomas diarias así que imaginaros que aparte de darles de comer, cambiar pañales, bañarles y vestirles hay que dedicarles tiempo para estimularles y jugar con ellos. El tiempo que te queda para ti mismo es nulo. Y eso que contamos con la ayuda de los abuelos. Es impresionante ver como, a pesar de que cuando nos criaron a nosotros no había tantas ayudas (me refiero a lo básico: pañales, lavadora, más ropa de cambio) las abuelas aprenden enseguida cómo poner un pañal, la medida de leche en polvo que hay que echar para preparar el bibe, cuánto toma cada bebé…

Las abuelas… ¿Qué haríamos sin ellas? Debo reconocer que no imaginaba cuánto las íbamos a necesitar hasta este mismo momento. Recuerdo con mucho cariño a mi abuela y todo lo que me ha enseñado. Necesitamos el cariño de los abuelos, su sabiduría, su paciencia. Y aunque quieres estar con tus hijos en todo momento para no perderte ninguna sonrisa, ningún gesto nuevo que aprenden, también necesitas descansar.

Tener un niño te cambia la vida. Pero tener tres… Tienes que adaptarte en todos los aspectos a la nueva vida, todo cambia: el espacio en casa, el coche, la vida profesional, tu propio bienestar… Todo… Pero como os digo: vale la pena.

Damos las gracias a Dios por habernos regalado estas tres preciosidades. Le pedimos fuerza, mucha fuerza para poder criarlos. Y sabiduría para educarlos bien hasta que llegue el momento en el que ellos mismos podrán tomar sus propias decisiones. Con sus aciertos y errores… Como lo han hecho nuestros padres con nosotros.

La vida es bella…

Dejamos aquí algunas fotos de nuestros peques. Jotxo y Ana han vuelto a demostrar su gran profesionalidad y paciencia y nos han regalado unos recuerdos preciosos de nuestro tesoros. Os dejo aquí su contacto: ana@funphot.com; info@funphot.com


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¡Katia, Cristina, Víctor, bienvenidos al mundo!

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Ha llegado el gran momento, el de ver a nuestros peques. No ha sido exactamente como esperábamos ya que todos pensábamos que aguantaría al menos unas semanas más.  Pero en la última ecografía los médicos detectaron un crecimiento reducido de una de nuestras pequeñas y el estudio Doppler salió un poco regular así que decidieron monitorizarnos dos días distintos para ver el avance. Y ya de paso realizar la maduración pulmonar. Aunque ninguno de nosotros pensaba que la cesárea iba a ser programada tan pronto, solo tres días después. Llega la noticia, los nervios de los padres y de toda la familia y nos ponemos en marcha. Yo en ambulancia (en nuestro hospital no disponían de suficientes incubadoras para nuestros pequeños y nos tuvieron que trasladar) y ellos siguiéndome en coche.

Parecía algo irreal, algo que no podía pasarme a mí, así lo veía en ese momento. Pero confiaba en que todo saliera bien, sabía que estaba en buenas manos. Me hicieron la cesárea dos horas después de ingresarme y todo salió fenomenal. ¡Un gran equipo, el del hospital 12 de Octubre! Me trataron con muchísima atención y cuidado, me explicaron todo muy bien y pude ver unos segundos las caritas de mis pequeños, antes de que se los llevaran los pediatras. A mi marido y a mí nos hubiera gustado que él pudiera asistir durante el parto pero no pudo ser porque no dejan que te acompañen si los bebés tienen menos de 34 semanas. Él los pudo ver a pocas horas y esa misma noche pude bajar yo también a verlos y acariciarlos un momento. Esos momentos de emoción son imposibles de describir.

A partir de ahora toca estar con ellos el máximo tiempo posible, suerte que con el método Madre Canguro tanto mi marido como yo hemos podido tenerlos en brazos, en contacto con nuestra piel, para que se tranquilizaran y nos sintieran cerca. Nuestros pequeños pesaron 1850, 1650 y 1150 gramos, y nacieron muy sanos.

Creo que la naturaleza es muy sabia porque justo el día antes de que me hicieran la cesárea había acabado las compras necesarias para la bolsa que me llevé al hospital y lo dejamos todo preparado, obviamente pensando que nos quedaban unas semanas de cierta tranquilidad. Luego se demostró que había exagerado en llevarme tantas cosas pero siempre es mejor eso a tener que salir corriendo a comprar a la hora que sea.

Intentaré escribir algo más pronto, nos gusta compartir con vosotros esta emocionante experiencia de ser papás primerizos de trillizos.  Aunque intuyo que pronto no tendremos tiempo ni para respirar. 🙂