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La cara ‘amable’ de los hospitales

Mi madre siempre me decía: “Hija, cuídate mucho para no tener que ir al hospital porque eso es lo peor que te puede pasar.” A pesar de no haber estado ingresada hasta ahora en el hospital,  la entendí perfectamente porque alguien de la familia sí estuvo y lo viví de cerca. Imaginaros tener que ir al hospital en un país menos desarrollado que España. Como Rumanía,  por ejemplo. Y tener que ‘pagar’ para que te traigan unas sábanas limpias, una almohada o simplemente para que te den los “buenos días.” Sí, habéis entendido bien, darle dinero al personal para que te traten de forma decente, que te cuiden. Que hagan su trabajo por el que ya se les están pagando. En esos momentos pensé: “Qué horror, no quiero vivir en un país así”.
Aprecio mucho la forma de ser de los españoles, tan abiertos y amables, la mayoría de ellos. Aunque no te conozcan de nada se muestran dispuestos a ayudarte. Y también me parece una maravilla la forma de organizarse, el sistema de salud y la seguridad que te da si te pasa algo. Eso pensé cuando ingresaron a mi nene por la complicación de la varicela. Me quedé relativamente tranquila. Sabía que le iban a cuidar bien.
Pero empezó un poco mal desde el principio. Le tuvieron que sacar sangre al pequeño para los análisis y después de intentarlo hasta tres veces y romperle la vena en dos ocasiones por fin lo consiguió una enfermera. Pero la pediatra no avisó para que le dejaran la vía puesta.   Como le ingresaron y pensaban darle antibiótico en vena volvieron a pincharle otra vez sin éxito porque al pobre, al ser tan pequeño, no podían encontrarle más venas.
Al final decidieron darle el antibiótico por la vía oral como había insistido yo desde el principio y me encargué de darle toda la medicina que le pautaron. El pobre estaba muy asustado y solo se la tomaba si se la dábamos nosotros.  Nos pusieron en una habitación aislada para evitar el contagio y le puse en la cuna. Como había una cama al lado no se me ocurrió preguntar si la podía usar. El niño estuvo jugando un rato ahí y luego por la noche la abrí para tumbarme. Nadie me dijo nada hasta que llegó el cambio de turno. Lo primero que me dijo la enfermera nada más entrar fue que no podía usar la cama, que no era para acompañantes. Pedí perdón y me hizo un gesto como: “ya que la has usado..”
Reconoció que a veces ellas no dejan claro si se puede usar o no y se fue. La segunda vez que vino para darme el antibiótico del niño me lo entregó sin más y volvió a repetirme que la cama seguía sin poder usarse y que ella iba a pedir que se recogieran las sabanas. No preguntó si el niño tenía fiebre, ni nada más.  Se fue. Al cabo de unos minutos entró su compañera y preguntó: “Cuanto tiene?” Entendí que cuánto tenía el niño de temperatura y le dije: “No le he puesto el termómetro porque no me ha parecido que tuviera fiebre.”
Y porque la primera vez que vinieron me avisaron que ellas controlarían la temperatura del niño durante la noche. Que si lo notara caliente les avisara y ellas le tomaban la temperatura. Bien, parece que las cosas habían cambiado en un par de horas. Le tomé la temperatura al niño y cuando volvió la enfermera se lo dije. Y se fue. Sin saludar ni hacer ningún comentario.
Como no quiero ser una abusona ni causar malentendidos le pregunté: “Entonces quito las sábanas? ¿Y os las entrego?” “No, mañana.” “Y qué hago, puedo seguir usando la cama o la dejo así?” “Si, puedes.” Y se fue, sin saludar. Bueno, no soy una sensible pero estas cosas me sientan mal y no creo que soy una exagerada.
Cuando llegas en una situación como ésta de quedarte con un niño en el hospital y las otras pequeñas en casa no puedes pensar en nada ni nadie más. Solo quieres dedicarte a ellos. Me pareció que el usar algo que, según ellas, no se tenía que haber usado afectó su trabajo que es velar por la salud del niño durante su turno. Yo soy la mamá y hago lo mejor que puedo para mis hijos pero no quiero angustiarme porque le he caído mal a una de ellas y que no me cuide bien al niño. Por ejemplo, le trajeron el antibiótico dos horas más tarde (estoy segura que fue por descuido). O me dejaron una medicina que no era para él y al cabo de 20 minutos volvieron corriendo a retirarla. O se les olvidó darle el antihistamínico en  una ocasión y tuve que pedirlo. Me dí cuenta porque ya estaba muy pendiente y me fijaba hasta en las cantidades de medicina y los nombres de los medicamentos… Y todo esto en solo dos días de ingreso… Es muy triste ver cómo se deterioran las cosas y como por algo sin importancia te dejan preocupada y con mal sabor de boca.
En fin, que os cuento todo esto desde mi punto de vista y según la experiencia que hemos tenido. Porque de eso trata este blog. De contar lo que vive una familia normal, que pasa de ser una pareja a familia numerosa de golpe.