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Cuando dos son uno…

5792 (2)Las matemáticas dicen claramente: uno más uno = dos. Pero en la vida real necesitamos muchas veces que dos sean uno.

Me explico: en esta aventura de ser padres primerizos de trillizos hemos vivido muchas emociones pero también hemos tenido momentos difíciles. Mucha preocupación, muchos miedos y estrés. Por eso ha sido y es tan importante que los dos fuéramos uno, que uniéramos nuestras fuerzas para cuidar de nuestros pequeños y cuidarnos mutuamente.

He dicho siempre que las mujeres somos muy fuertes. Somos capaces de sacrificarnos por nuestros hijos. De dar sin esperar nada a cambio. Y así es. Pero también necesitamos el apoyo de nuestras parejas. Les necesitamos para compartir los momentos de alegría o de tristeza, los miedos y las preocupaciones cuando no sabemos qué puede pasar porque ya no depende de nosotros. Necesitamos que estén allí para mentirnos incluso y exagerar la cantidad de leche que conseguimos sacar para nuestros pequeños. Para animarnos y darnos fuerza cuando vemos a nuestros bebés rodeados de tubitos y médicos. Y ellos también nos necesitan a nosotras. Por muy fuertes que quieran aparentar…

Una familia consta en eso: amor, sacrificio, respeto, apoyo incondicional. Os dejaré aquí la definición de “hijo“, según José Saramago, Premio Nobel de literatura. Un amigo nos la envió ayer y nos emocionó a los dos. ¡Gracias, Santi!

“Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo… El más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos.”

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