¿Qué sienten ellos?

Le he pedido a mi marido que cuente aquí cómo ha pasado por estos meses de espera. Él será el dueño de este espacio y aportará su experiencia como futuro papá de trillizos. Se me ocurrió esta idea porque he notado que faltaba esa parte masculina en todos en los blogs que he leído, bien porque los padres están menos predispuestos a escribir sobre lo que sienten, bien porque han sido ellos los que han creado un blog propio donde cuentan su experiencia como papás.

Aquí pretendemos aportar lo poco que sabemos por ahora sobre cómo afrontar este gran reto y todo lo que vamos aprendiendo por el camino.

 

YA ESTÁN AQUÍ

27 de enero de 2014

Ya nacieron, ¿y ahora qué? ¿Cómo está María? ¿Y los nenes? Se te agolpan un montón de preguntas, que mientras intentas mantener la calma, esperas que se vayan respondiendo poco a poco.

Vi a un médico que nos atendió en urgencias, al llegar, y te le quedas mirando. Él, enseguida, te responde y dice: “tú eres el papa de los trillizos”, “los cuatro están bien” y entonces exhalas el primer suspiro de alivio. “Gracias”, respondí yo. Que por cierto, yo ya no me llamo Marco, sino el “papa de los trillizos” y María la “mama de los trillizos”.

De todas formas, seguimos esperando, yo me encontraba con mi padre al lado y en un momento mágico, vimos una incubadora y el médico dijo la consabida coletilla, “¿eres el padre de los trillizos?”, “sí”, respondí y dio la vuelta a la incubadora y pudimos ver a Katia con los ojos bien abiertos dentro. Desde luego, los recién nacidos no pueden ver todavía, pero te haces la ilusión de que te distinguen. Eso sí, responden a los estímulos y siguen los ruidos y las sombras.

Después salió María y ya nos quedamos más tranquilos. Ella estaba emocionada y casi se le saltaban las lágrimas. Pasó a reanimación y pudimos hablar con ella a través de un ventanuco con un teléfono, como si estuviéramos en una película carcelaria, pobrecilla. Se encontraba cansada, pero bien.

El caso, es que nos tocó esperar hasta que subieron a María a la habitación, pero de todas formas, pude colarme en neonatos para ver a los pequeños, junto con mis padres. Todo un milagro, debido a que han restringido las visitas a causa de una bacteria. De todas formas, hemos tenido suerte, ya que nos es posible visitarles las 24 horas del día y hacer la técnica del canguro. Esta técnica en definitiva, es cogerles en brazos y ponerles contra tu pecho. Dicen que les relaja y se acompasan sus pulsaciones a las tuyas y hace que crezcan más rápido.

Después de todo esto, subimos a la habitación y vimos a María, que se encontraba bastante molesta y algo nerviosa. La primera noche estuve yo con ella, un poco paliza, porque hay que ayudarla en todo. Por desgracia, la cesárea es una operación y hay que apoyarla en todo lo posible. A parte, la recuperación es lenta y después te dan el alta, bajo mi punto de vista, sin que ella estuviese totalmente recuperada. También se nos juntó el problema de no tener dónde pernoctar, después del alta de María, cerca de los nenes, que siguen ingresados al pesar poco.

Conseguimos encontrar una habitación en un convento cercano, limpia y acogedora y que no es demasiado cara. Ahora mismo estamos en la habitación, haciendo los preparativos previos para echarnos a dormir, si puede llamarse así, porque María tiene que levantarse cada 2 o 3 horas para sacarse toda la leche posible.

De vez en cuando, me siento muy cansado. No he conseguido acostumbrarme a la rutina y además el estrés de la situación no ayuda a llevarlo con tranquilidad. María se dedica a preparar el nido en todos los aspectos y a pedir ayuda y yo aporto mi apoyo logístico y moral en todo lo que puedo, pero cansa un poco y a veces me siento un poco desplazado. De todas formas, hago acto de enmienda y pienso que realmente, el peso de casi todo lo está llevando María y que necesita mi ayuda y no mis posibles quejas. Aunque tengo que reconocer que me cuesta.

De todas formas, llevo dos días muy ilusionado, porque he cogido en brazos a Víctor y a Cristina al mismo tiempo y me han dicho que estoy para foto. Espero conseguirla en breve. Ya seguiré escribiendo.

 

Aguantando los largos meses de espera… 

Todo empieza con la importante decisión de tener familia y luego te encuentras con el reto de tener trillizos. Es una situación emocionante y que al mismo tiempo da tanto miedo. Es importante que nosotros apoyemos emocionalmente a la futura mamá. Hay muchos cambios que surgen para ambos, pero sobre todo para la madre. Mi experiencia es una mezcla de sentimientos, la felicidad por mi paternidad después de un pequeño susto inicial y hacerse a la idea de que mi mujer, melliza ella misma, estaba criando a tres chiquitines en su interior. A veces te aborda la impotencia de no saber como abordar los sentimientos de tu mujer y del miedo a perder a tus hijos en una de esas indeseables amenazas de aborto. Intentas mantener la calma para ayudar a la mamá, pero cuando todo ha pasado y con resultado feliz, te invade una sensación de desasosiego y desesperanza que no es fácil de controlar. Esa fue la primera vez que supe lo que siente un padre ante algo malo que le pueda pasar a sus niños.

Después de pasar la primera etapa, llega la etapa del segundo trimestre. La más tranquila, pero llena de cambios físicos para tu pareja y en la que tienes que prestar especial atención a los deseos de ella. Hay que mantener la calma y apoyarla todo lo posible. A partir de entonces empiezas a ser consciente de tu papel como proveedor de bienestar de tu futura familia y que tus deseos quedaran supeditados a las necesidades de tus peques. Lo más importante es aceptar la situación, porque no cambiará jamás. Bromea con la situación, ayuda bastante. Yo voy diciendo que voy a pasar a un quinto plano y que no quiero mascotas, porque estaría en el sexto.

En el tercer trimestre le han entrado las prisas a la mamá por tener preparado el nido. Yo intento estar tranquilo y tener preparada la habitación, junto con las cunitas y toda la ayuda de la familia. A veces pienso que cuanto más tarde este preparada, más aguantaran los chiquitines en el vientre de su madre. Reconozco que es una tontería y que los pequeños saldrán cuando ellos quieran, y que a estas alturas y con unos trillizos guerrerotes en ciernes, es arriesgado no tenerla a punto. Mi mujer estaría mucho más tranquila. Es seguro que antes de Reyes estaré montando las cunas. Ese quiero que sea el regalo de reyes para mi futura familia. Pero deseo que nuestros nenes no estén ni un minuto en la incubadora y eso sólo será  posible si nacen a partir de la semana 35 y con más de dos kilos de peso.

Ya os seguiré contando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s